domingo, 16 de diciembre de 2012

Rauda Jamis - Carta al ausente

Mi noche es como un gran corazón que late.
Son las tres y media de la madrugada.
Mi noche no tiene luna. Mi noche tiene grandes ojos que miran fijamente una luz gris que se filtra por las ventanas. Mi noche llora y la almohada se vuelve húmeda y fría. Mi noche es larga y larga y larga y parece estirarse siempre hacia un fin incierto. Mi noche me precipita hacia tu ausencia. Te busco, busco tu cuerpo inmenso a mi lado, tu respiración, tu olor. Mi noche me contesta: vacío; mi noche me da frío y soledad. Busco un punto de contacto: tu piel. ¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Me vuelvo hacia todos los lados, la almohada húmeda, pego la mejilla a ella, mi pelo mojado contra las sienes. No es posible que no estés aquí. Mi cabeza vagabundea, mis pensamientos van, vienen, y se aplastan, mi cuerpo no lo puede comprender. Mi cuerpo te desearía. Mi cuerpo, esa incertidumbre mutilada, desearía olvidarse por un momento en tu calor, mi cuerpo requiere algunas horas de serenidad. Mi noche es un corazón hecho trizas. Mi noche sabe que me gustaría mirarte, seguir con mis manos cada curva de tu cuerpo, reconocer tu rostro y acariciarlo. Mi noche me ahoga por tu ausencia. Mi noche palpita de amor, aquel quien quisiera contener pero que palpita en la penumbra, en cada una de mis fibras. Mi noche quisiera llamarte, pero no tiene voz. Sin embargo, desearía llamarte y encontrarte y apretarse contra ti un momento y olvidar ese tiempo que mata. Mi cuerpo no puede comprender. Tiene tanta necesidad de ti como yo, quizás a fin de cuentas él y yo sólo somos uno. Mi cuerpo te necesita, a menudo casi me has curado. Mi noche se hunde hasta casi no sentir la carne y el sentimiento se hace más fuerte, más agudo, desprovisto de la sustancia material. Mi noche me quema de amor.

Son las cuatro y media de la madrugada.
Mi noche me agota. Sabe que te echo de menos y toda su oscuridad no basta para esconder esa evidencia. Esa evidencia brilla como una cuchilla en la noche. Mi noche querría tener alas que volaran hasta ti, te envolvieran en tu sueño y te devolvieran a mí. En tu sueño me sentirías cerca de tí y tus brazos me abrazarían sin que despertases. Mi noche no me aconseja. Mi noche piensa en ti, sueño despierto. Mi noche se entristece y se pierde. Mi noche acentúa mi soledad, todas mis soledades. Su silencio sólo oye mis voces interiores. Mi noche es larga y larga y larga. Mi noche tiene miedo de que el día no aparezca jamás, nunca jamás, y a la vez teme su aparición, porque el día es un día artificial en que cada hora cuenta el doble y sin ti no es realmente vivida. Mi noche se pregunta si mi día no se parece a mi noche. Lo que le explicaría a mi noche porque temo también el día. Mi noche  tiene ganas de vestirme y de empujarme fuera para ir a buscar a mi hombre. Pero mi noche sabe que lo que se llama locura, de cualquier tipo, esparce desorden, está prohibida. Mi noche se pregunta qué es lo que no está prohibido. No está prohibido confundirse con ella, eso lo sabe, pero se ofusca al ver una carne confundirse con ella en el filo de la desesperación. Una carne no está hecha para casarse con la nada. Mi noche te quiere con toda su profundidad, y resuena también de mi profundidad. Mi noche se nutre de ecos imaginarios. Puede hacerlo. Yo fracaso. Mi noche me observa. Su mirada es lisa y se funde en cada cosa. Mi noche desearía que estuvieses aquí para deslizarse en ti con ternura. Mi noche te espera. Mi cuerpo te espera. Mi cuerpo te espera. Mi noche quisiera que tú descansases en el hueco de mi hombro y que yo descansase en el hueco del tuyo. Mi noche quisiera ser el mirón de tu placer y del mío, verte y verme temblar de placer. Mi noche quisiera ver nuestras miradas y tener nuestras miradas cargadas de deseo. Mi noche quisiera tener entre sus manos cada espasmo. Mi noche se volvería suave. Mi noche gime en silencio su soledad al recordarte. Mi noche es larga y larga y larga. Pierde la cabeza pero no puede alejar tu imagen de mí, no puede tragarse mi deseo. Se muere al saber que no estás aquí y me mata. Mi noche te busca sin cesar. Mi cuerpo no consigue concebir que algunas calles o cualquier geografía nos separan. Mi cuerpo se vuelve loco de dolor al no poder reconocer en medio de mi noche tu silueta o tu sombra. Mi cuerpo quisiera besarte en tu sueño. Mi cuerpo quisiera dormir en plena noche y en esas tinieblas ser despertado porque tú lo besabas. Mi noche no conoce sueño más hermoso y más cruel hoy que éste. Mi noche grita y desgarra sus velos, mi noche choca con su propio silencio, pero tu cuerpo permanece inencontrable. Te echo tanto de menos. Y tus palabras. Y tu color.











Pronto va a amanecer.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Diez del doce del dos mil doce

Traigo la solución para todos aquellos jóvenes, no tan jóvenes, solteros, vagos y maleantes, que al final de la semana encuentran su habitación convertida en "el primer día de las rebajas". Con un simple chasquido de los dedos, tu habitación totalmente automatizada será capaz de autorrecogerse a sí misma.


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lunes, 19 de noviembre de 2012

La historia del calcetín desparejado

La luz matinal se filtra por la rendija entreabierta del cajón donde están guardados los calcetines y la ropa interior. Se abre el cajón. Una mano busca un par de calcetines, coge un calcetín rosa, pero ¿dónde esta su pareja? 

¿Dónde está el otro calcetín rosa? Seguro que está solo, abandonado en la lavadora de cualquier lavandería de la ciudad. O quizás haya caído detrás de la secadora, en el hueco entré la secadora y la pared, lleno de polvo y suciedad. Pobre calcetín solitario, abandonado sin su pareja, pobres calcetines separados por el destino. Es posible que se haya caído por un agujero que tuviese la bolsa dónde estaba de camino a la lavandería, o de vuelta a casa. Seguro que se siente solo, olvidado, ¿Quién quiere a un calcetín solitario? ¿ De qué sirve un calcetín desparejado tirado en la ciudad? Y el otro calcetín rosa, en su cajón, acogedor, cálido y limpio, pero tan vacío sin su pareja. Su dueño le obligará a emparejarse con otro calcetín en su misma situación, otro calcetín que no conjuntará con él, puede que sea uno azul a rayas, o uno blanco con corazones, pero ninguno podrá sustituir a su compañero, a su par de calcetín, hecho a su medida. ¿Nunca has pensado en ese calcetín solitario que perdiste y que nunca volvió a aparecer?



En honor a mi calcetín desaparecido hace dos semanas.
Desde Palermo, con amor. 

martes, 16 de octubre de 2012

No queda nada

Estoy nerviosa, no paro de pensar en el qué pasará, este finde conozco un nuevo país.

lunes, 15 de octubre de 2012

Parece que llegan las castañas

Creo que a muchos se nos había olvidado lo que era que se te congelase la nariz y tener que usar guantes cuando vas en bici. El señor que vende barquillos en verano ahora vende castañas. Llega el invierno, y yo emigro hacia el sur.