domingo, 23 de diciembre de 2012

¿Quién es el Olentzero?

Al Olentzero todo el mundo lo conoce, pero… ¿quién es?

La celebración de Papá Noel perdió poco a poco algunas de sus tradiciones clásicas como la del "tronco del hogar". Pero hay otra tradición, la del Olentzero, que se extendió a todo Euskal Herria y desde alli a las comunidades vascas del mundo.

“Y yo te ayudaré" gritó el Prakagorri dando giros alrededor del Olentzero. Y por ello a mediados de cada invierno, al final del año, Olentzero visita cada ciudad de Euskal Herria para llevar regalos y juguetes a los niños sin familia. Todos los niños celebran la llegada de Olentzero, cantando las canciones y difundiendo su mensaje de amor, fuerza y valor.

“Y yo te ayudaré" gritó el Prakagorri dando giros alrededor del Olentzero. Y por ello a mediados de cada invierno, al final del año, Olentzero visita cada ciudad de Euskal Herria para llevar regalos y juguetes a los niños sin familia. Todos los niños celebran la llegada de Olentzero, cantando las canciones y difundiendo su mensaje de amor, fuerza y valor.

La historia del Olentzero representa a este personaje como un carbonero, que desciende de la montaña para anunciar a la población el nacimiento de Jesús.

El mito de Olentzero, originario el valle del Bidassoa, ha atravesado los tiempos adaptándose sin interrupción. Hoy, extendiéndose la tradición a toda Euskal Herria, tiende a tomar una nueva forma como sustitutivo de Papá Noel.

Todos los 24 de diciembre por la noche grupos de cantantes van de casa en casa acompañados de un maniquí, que sentado sobre una silla, representa al Olentzero.

Esta figura mítica tiene su origen en la ciudad de Lesaka, en la Navarra húmeda del noroeste. Se asocia a muchas leyendas. En algunos lugares es temerario, aunque generalmente es un ser bueno. Es el símbolo del año que finaliza y el espíritu de renovación del año.

La leyenda

La leyenda dice que el Olentzero es un hombre humilde que por su amor penetró el corazón de todas las criaturas, reales e imaginarias.

Hace mucho-mucho tiempo en los profundos bosques de Euskal Herria vivía un hada muy bonita, de cabellos dorados y sus ojos que brillaban como el fuego. Al igual que todas las hadas se ocupaba de las personas y siempre era acompañada por una pequeña y divertida criatura que la ayudaba en el trabajo: el Prakagorris.

Un día mientras que paseaba a través de las montañas se detuvo para cepillar su cabello cerca de una fuente. Repentinamente, el Prakagorris observó que algo se movía entre los arbustos. El hada siguió cepillándose su cabello y solo se dio cuenta del movimiento por los gritos del Prakagorris.

-"Es un bebé" dijo el mayor de los lutins.

-"¿Por qué lo han dejado allí?" preguntaron.

-"No lo sé" dijo la hada, "es difícil entender por qué a veces los hombres son tan crueles."

-"A partir de ahora te llamaras Olentzero, porque ha sido maravilloso haberte encontrado", dijo el hada al niño. Y agregó “Te gratifico con la fuerza, el valor y el Amor".

El hada tomó entonces al bebé y lo llevó hacia una vieja casa al lado del bosque donde vivía una pareja sin hijos y les dijo "estarán muy felices al encontrarte y cuidaran de ti". Dicho esto, el hada se marchó dejando al pequeño delante de su puerta.

Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a asomarse y el hombre salía de su casa para ir a ordeñar a las vacas se sorprendió al ver al bebé. De inmediato llamó a su mujer: “querida, ven rápidamente ver lo que encontré".

Como el hada lo predijo se alegraron mucho al ver al pequeño. "qué oportunidad" dijo la mujer, que cubrió inmediatamente al niño con una manta para calentarlo. Lo alimentaron y lo adoptaron como hijo.

Así fue como el Olentzero creció en las hermosas montañas. Ya hecho un hombre sentía gratitud para con sus padres y no se preocupaba por sus orígenes. El Olentzero trabajaba duro cada día para ayudar a su padre que comenzaba a envejecer.

Después de muchos años felices sus padres fallecieron. Los años pasaron también para él, su rostro se arrugó y su cabello se llenó de canas. La vida en soledad lo volvió triste. Un día decidió que quería ayudar a las personas que pasaban necesidad. Se acordó de la casa en ciudad donde huérfanos vivían de lo que la gente les daba. Creía que esos niños, al igual que él, estaban muy solos y quería verlos felices.

El Olentzero era muy inteligente y muy hábil con sus manos. Fabricó juguetes de madera para regalarles a los pequeños cuando fuera a la ciudad a vender su cosecha. Cuando terminó los juguetes los puso en un gran bolso, buscó a su asno y fue rumbo a la ciudad.

Se sentía muy feliz ese día y sus ojos brillaban de alegría. Viajó una mañana entera a través de las montañas para alcanzar la ciudad. Los pequeños niños del pueblo fueron muy felices con los juguetes que les regaló y escuchando las historias que él les relataba, las mismas que su padre le contaba de pequeño.

Los huérfanos estaban encantados con el Olentzero y después de ese día maravilloso no se sintieron nunca más solos. El Olentzero se hizo muy conocido en ciudad. Cuando llegaba desde las montañas era rodeado por niños que se acercaban a verlo.

Eso duró durante numerosos y bonitos años, pero un día una tormenta terrible se cortó sobre la ciudad y las montañas, causando numerosos daños. Los fuertes vientos y fríos y el trueno asustaron y trastornaron a los habitantes, y más especialmente a los niños.

Un día, cuando el Olentzero volvió de nuevo a la ciudad vió como un rayo caía sobre una casa. Corrió rápidamente hacia allí y pudo ver a los niños aterrorizados en una ventana. Sin vacilar, entró en la casa en llamas, protegió a los niños del fuego y los ayudó a salir por una ventana del primer piso. Pero mientras él intentaba también escapar una gruesa vieja viga cayó desde lo más alto sobre él. El Olentzero cayó con dolor y su fuerte corazón se detuvo.

La gente lloró cuando vieron la casa en llamas, lo que había sucedido y que ya nada podían hacer. Pero repentinamente apareció una luz brillante procedente de la hoguera. Nadie podía ver quien era. Dentro de la casa el hada que había encontrado a el Olentzero bebé, apareció cerca él y comenzó a llamarlo por su nombre con su voz suave: ¡Olentzero! ¡Olentzero!.

Y dijo: "Olentzero, fue un hombre de bien, honesto y cariñoso. Pasó su vida al servicio de los otros, y hasta dio su vida para salvar a su próximo, por eso no morirá nunca. Y a partir de ahora, fabricará juguetes y otros regalos para los huérfanos de esta ciudad y de toda Euskal Herria.

Algunas personas no creen que el Olentzero verdaderamente exista. Aunque como reza un viejo proverbio vasco:
"Todo lo que tiene nombre, existe… si creemos en su existencia".


http://www.euskosare.org/kultura/historia_olentzero

domingo, 16 de diciembre de 2012

Rauda Jamis - Carta al ausente

Mi noche es como un gran corazón que late.
Son las tres y media de la madrugada.
Mi noche no tiene luna. Mi noche tiene grandes ojos que miran fijamente una luz gris que se filtra por las ventanas. Mi noche llora y la almohada se vuelve húmeda y fría. Mi noche es larga y larga y larga y parece estirarse siempre hacia un fin incierto. Mi noche me precipita hacia tu ausencia. Te busco, busco tu cuerpo inmenso a mi lado, tu respiración, tu olor. Mi noche me contesta: vacío; mi noche me da frío y soledad. Busco un punto de contacto: tu piel. ¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Me vuelvo hacia todos los lados, la almohada húmeda, pego la mejilla a ella, mi pelo mojado contra las sienes. No es posible que no estés aquí. Mi cabeza vagabundea, mis pensamientos van, vienen, y se aplastan, mi cuerpo no lo puede comprender. Mi cuerpo te desearía. Mi cuerpo, esa incertidumbre mutilada, desearía olvidarse por un momento en tu calor, mi cuerpo requiere algunas horas de serenidad. Mi noche es un corazón hecho trizas. Mi noche sabe que me gustaría mirarte, seguir con mis manos cada curva de tu cuerpo, reconocer tu rostro y acariciarlo. Mi noche me ahoga por tu ausencia. Mi noche palpita de amor, aquel quien quisiera contener pero que palpita en la penumbra, en cada una de mis fibras. Mi noche quisiera llamarte, pero no tiene voz. Sin embargo, desearía llamarte y encontrarte y apretarse contra ti un momento y olvidar ese tiempo que mata. Mi cuerpo no puede comprender. Tiene tanta necesidad de ti como yo, quizás a fin de cuentas él y yo sólo somos uno. Mi cuerpo te necesita, a menudo casi me has curado. Mi noche se hunde hasta casi no sentir la carne y el sentimiento se hace más fuerte, más agudo, desprovisto de la sustancia material. Mi noche me quema de amor.

Son las cuatro y media de la madrugada.
Mi noche me agota. Sabe que te echo de menos y toda su oscuridad no basta para esconder esa evidencia. Esa evidencia brilla como una cuchilla en la noche. Mi noche querría tener alas que volaran hasta ti, te envolvieran en tu sueño y te devolvieran a mí. En tu sueño me sentirías cerca de tí y tus brazos me abrazarían sin que despertases. Mi noche no me aconseja. Mi noche piensa en ti, sueño despierto. Mi noche se entristece y se pierde. Mi noche acentúa mi soledad, todas mis soledades. Su silencio sólo oye mis voces interiores. Mi noche es larga y larga y larga. Mi noche tiene miedo de que el día no aparezca jamás, nunca jamás, y a la vez teme su aparición, porque el día es un día artificial en que cada hora cuenta el doble y sin ti no es realmente vivida. Mi noche se pregunta si mi día no se parece a mi noche. Lo que le explicaría a mi noche porque temo también el día. Mi noche  tiene ganas de vestirme y de empujarme fuera para ir a buscar a mi hombre. Pero mi noche sabe que lo que se llama locura, de cualquier tipo, esparce desorden, está prohibida. Mi noche se pregunta qué es lo que no está prohibido. No está prohibido confundirse con ella, eso lo sabe, pero se ofusca al ver una carne confundirse con ella en el filo de la desesperación. Una carne no está hecha para casarse con la nada. Mi noche te quiere con toda su profundidad, y resuena también de mi profundidad. Mi noche se nutre de ecos imaginarios. Puede hacerlo. Yo fracaso. Mi noche me observa. Su mirada es lisa y se funde en cada cosa. Mi noche desearía que estuvieses aquí para deslizarse en ti con ternura. Mi noche te espera. Mi cuerpo te espera. Mi cuerpo te espera. Mi noche quisiera que tú descansases en el hueco de mi hombro y que yo descansase en el hueco del tuyo. Mi noche quisiera ser el mirón de tu placer y del mío, verte y verme temblar de placer. Mi noche quisiera ver nuestras miradas y tener nuestras miradas cargadas de deseo. Mi noche quisiera tener entre sus manos cada espasmo. Mi noche se volvería suave. Mi noche gime en silencio su soledad al recordarte. Mi noche es larga y larga y larga. Pierde la cabeza pero no puede alejar tu imagen de mí, no puede tragarse mi deseo. Se muere al saber que no estás aquí y me mata. Mi noche te busca sin cesar. Mi cuerpo no consigue concebir que algunas calles o cualquier geografía nos separan. Mi cuerpo se vuelve loco de dolor al no poder reconocer en medio de mi noche tu silueta o tu sombra. Mi cuerpo quisiera besarte en tu sueño. Mi cuerpo quisiera dormir en plena noche y en esas tinieblas ser despertado porque tú lo besabas. Mi noche no conoce sueño más hermoso y más cruel hoy que éste. Mi noche grita y desgarra sus velos, mi noche choca con su propio silencio, pero tu cuerpo permanece inencontrable. Te echo tanto de menos. Y tus palabras. Y tu color.











Pronto va a amanecer.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Diez del doce del dos mil doce

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